Martes 16 junio 2009 2 16 /06 /2009 17:06

Taiwán, el Paraíso de las compras.

 

Bien sean nocturnos, especializados en Jade, flores o material electrónico,..el ambiente único de los mercados de Taiwán no deja indiferente a nadie. El fin de semana, preferiblemente por la mañana, se puede dar una vuelta por el mercado de jade de Jianguo, situado bajo un puente de la autopista, que es el más grande del sureste asiático.

 

Justo en frente, al otro lado de la carretera, el mercado de las flores expone gran cantidad de bonsáis, orquídeas y otras plantas exóticas. No obstante, los más jóvenes prefieren perderse en el entramado barrio de Xi Men Ding, una zona peatonal rodeada de tiendas de todo tipo. Los adolescentes lo adoran, ya que pareces estar en el Times Square neoyorquino o en el Picadilly londinense.

 

Por la noche, las luces de neón de los paneles publicitarios iluminan las calles deslumbrantes. Los aficionados a las nuevas tecnologías deben acercarse al mercado electrónico de Kuong Kung, que se encuentra en el mercado cubierto de Guanghua, una auténtica cueva de Ali Babá! Al atardecer, es el momento de explorar los mercados nocturnos, como el concurrido mercado de Shilhin que se encuentra iluminado con farolillos.

 

Pasado el mercado, se encuentra el rincón de las comidas, un espacio cubierto donde se encuentran puestos de todo tipo en los que disfrutar de pequeñas raciones a precios muy bajos. Una auténtica farándula de colores seductores y olores apetitosos! Finalmente, se puede visitar el mercado nocturno de Jao Ho, especialista en aprovechar todo tipo de formas de preparación de las serpientes (se usa también la sangre, el veneno, la bilis y el esperma), o el Miramar Entertainment Park, un gigantesco centro comercial occidental desde el cual se pueden disfrutar de una de las mejores vistas de la ciudad.

 

El Te, todo un arte.

 

El té es más que una simple bebida en Taiwán es un arte que sigue todo un ritual con unas estrictas reglas que se conservan desde hace siglos. Acompañando a cada comida, es un brebaje excelente para la salud y facilita la digestión. Para elaborarlo se necesitan varios utensilios, desde la cazuela al filtro para la infusión.

 

Se utilizan dos formas de tetera: una de tamaño normal y otra más pequeña, de la talla de una tetera de mesa, para elaborarlo previamente antes de volcarlo en el recipiente grande. El té se bebe en taza de barro, para potenciar el gusto, y a ser posible, en una taza vieja. El proceso comienza llenando la cazuela y las tazas de agua hirviendo, para limpiarlas y calentar los recipientes. Una vez vaciados, se meten en la olla las hojas de te, se vierte el agua hirviendo y se deja reposar un minuto (la segunda vez 30 segundos) tapado con una capucha. Después se vierte en las pequeñas tazas varias veces, las primeras con un perfume ligero, mientras que a partir de la tercera, el sabor es más fuerte.

 

Cada vez que se vuelve a servir otra degustación, se debe beber agua para borrar el gusto de la anterior. Los taiwaneses beben el té sin azúcar ni leche, y sólo acostumbran a hacerlo por la tarde. En Taipei se pueden visitar diferentes puntos donde conocer el proceso de elaboración de esta bebida, como el Wang Tai Pei, y ver la fabricación y el desarrollo hasta que el té esta listo.

 

También se pueden visitar algunas plantaciones que se encuentran ubicadas en territorios rurales y donde se disfruta de un excelente entorno mientras se conoce el origen de la planta. Una de las plantaciones más frecuentadas son las de las afueras de la capital, situadas a 400 metros de altura sobre la ciudad, las conocidas como Mujan. En definitiva, una estupenda oportunidad de saborear y conocer esta bebida que está considerada una infusión exquisita digna de los más exigentes paladares.

 

Pirotecnia de sabores.

 

La gastronomía de Taiwán es uno de los grandes atractivos de este destino, y merece por sí sola la visita a este singular país. Reuniendo la herencia china y aborigen, la cultura culinaria del país aglutina la cocina cantonera del sur, especializada en comida al vapor, los raviolis de Shangai, la vieja cocina imperial, de Pekín y del norte, y la gastronomía especiada del oeste en definitiva, un infinito abanico de gustos.

 

En Wulaï, es imprescindible degustar los auténticos platos aborígenes de la tribu Atabal, como las hojas de bambú rellenas de arroz viscoso cocido al vapor o los cangrejos atrapados en la rivera, todo regado con licor de arroz. Es necesario conocer algunas particularidades de la cocina del país, como que los horarios son diferentes, se almuerza al mediodía y se cena a las 18h, no se bebe vino ni agua mientras se come, y no se suele servir pan.

 

Para los que quieran experiencias fuertes, en el Snake Alley se puede comer una estupenda sopa de serpiente, donde se mata al reptil delante del comensal y se aprovecha todo, hasta el veneno. Dicen que la carne blanca del animal proporciona virtudes a quien lo consume. Nosotros lo hemos probado para evaluar la experiencia, y es un poco folclórico, pero inolvidable.

 

Finalmente, los mercados nocturnos ofrecen la oportunidad de perderse entre una incontable variedad de degustaciones culinarias repartidas entre los numerosos puestos.

 

Reportaje realizado por Easy Viajar

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